Os pongo en spoiler un texto interesante del blog de El Mundo llamado "Rock & Blog", hablando acerca del tema del cierre de la Riviera. Hay cosas en las que estoy de acuerdo, y hay otras en las que no, pero mayoritariamente tiene más razón que un santo.
La culpa siempre la tienen los demás, ¿no? Del cambio climático, de la cría de la chinchilla o del cierre de La Riviera. Pues no.
¿Cierra Gallardón la Riviera, la única sala de conciertos de tamaño medio de Madrid? En absoluto. La Riviera la cerramos entre todos. O casi. E incluyo al lector. Y a mí.
El cierre de La Riviera es la prueba de la anemia cultural española. Y el coro de plañideras culturales de estos días -hasta el pope Manrique se ha sumado desde El País- garantiza que tenemos anemia para rato.
En España la cultura no interesa, o interesa a cuatro. La derecha la ha satanizado y no la entiende, la izquierda la usa de llavero. Los medios serios la venden como un reducto burgués. Los otros son McDonalds culturales. El empresariado no se atreve con ella, no se la cree. Y el gran público, poco o nada formado, prefiere 'El internado'.
Y luego está Madrid, una ciudad que vive de espaldas a la belleza.
Desarrollo el esquema.
1. De los políticos no hay que esperar nada, pero la ley está para cumplirla. De forma oportunista, o no. Que el dueño de la sala tenga el jodido papel. Si no, por mí, que cierren todas las Rivieras sin licencia.
2. Y ahora: ¿por qué Madrid tiene tan pocas salas de medio aforo? ¿Quizás por falta de demanda? ¿Tendrán algo que ver esas decenas de conciertos medio vacíos, algunos desérticos, a lo largo del año? ¿Será que la música, más allá de Orejas de Van Gogh y demás, le interesa en realidad a cuatro?
3. Está bien, hay un público fronterizo, permeable, potencial. Da igual, los medios le desprecian. Los serios creen que es demasiado tonto, así que siguen mirándose el ombligo y hablándole a los cuatro de siempre. Los otros creen que es demasiado listo, y siguen tratando la cultura como un maría. Entre ambos, abismo insondable.
4. El empresario no arriesga, y si acaso toma el dinero y corre. Sabe que el capital foráneo controla los cauces más anchos de promoción, y tampoco se esfuerza en plantar una semilla y regar, regar, regar. El tejido es nulo y no por falta de mimbres: por ejemplo, los lilas de Vetusta Morla deberían tener ya una canción colocada en un anuncio, y lo mismo las estupendas Charades.
5. Todo eso si quisiéramos empezar la casa por el tejado. Empezándola por el suelo: el brutal déficit educativo, la aún insalvable distancia respecto a Europa, 40 años de franquismo... Tópicos reales: la cultura en España sigue siendo un entretenimiento, una excusa para cortar una cinta, una camiseta, un carnet de clase social, un libro jamás abierto en la estantería del salón. Nunca una forma de vivir mejor.
6. ¿Y los artistas? Un crío inglés de 15 años sabe que puede ser el próximo Noel Gallagher. A uno español, como le dé por tocar la guitarra, le espera clamar en el desierto o pasar por el abrasivo molde comercial. Sin término medio. Y aún así, todos los años salen francotiradores (esto va para la derechona losantista).
7. Barcelona es en cierta medida la excepción, y Madrid el epicentro cateto de este desastre. En una área metropolitana de seis millones de tíos, ves 70 personas (de las que 30 están invitadas) en muchos conciertos interesantes. 6.000.000 y 70. Madrid: hay más cosas aparte de trabajar y meter dinero en el calceto.
Así que cierran la Riviera y la culpa es de Gallardón. Pues no. Gallardón y Espe que se vayan a su puta casa, desde luego. Pero a los políticos hay que darlos por perdidos. Algo estamos haciendo mal entre todos los demás.
Y luego, qué cojones, SI LA RIVIERA SIEMPRE SONÓ COMO EL CULO, por el amor de dios...